La relación entre religión y democráticos. Obama defiende el papel de la religión en la vida publica
La relación entre la izquierda de los democráticos y la religión ha siempre sido complicado ya que la primera se mueve su posiciones laicistas o incluso ateístas si se habla de izquierda radical. Parece casi que entre los democráticos no haya espacio por la religión tanto que quien se refiere al cristianísimo se pone en una zona central si tiene ideas progresistas o a la derecha cuando se trata de ideas conservadoras.
En 2006 Barack Obama, aún antes la formalización de su candidatura a la Casa Blanca, imposta una estrategia política de cortejo del electorado religioso. En particular lo hace en un discurso-manifiesto que se tuve en Washington el 28 de junio con un título que parece justo sacado por uno de sus discursos electorales: "De la pobreza a la oportunidad. Un pacto para una nueva América". En esta ocasión, el futuro Presidente USA auspicia el nacimiento de una nueva América donde no haya diferencia entre laicos y hombres de fe.
Dos años antes, en 2004, durante las elecciones para el puesto en el Senado, el adversario católico conservador de Obama, Alan Keyes, tenía una opinión diferente con respecto al senador del Illinois que venía puntualmente atacado sobre fe y moral. El joven democrático, según Keyes, apoyaba una agenda dictada por el lobby homosexual y favorecía la práctica del aborto; para los republicanos Obama no es en absoluto un hombre de fe y habla de religión sólo por razones electorales. El discurso de 2006 había representado su primer exordio en el plan nacional y ya allí había sacudido la platea: « también nosotros los demócratas adoramos a un Dios formidable, un Dios que se ocupa de los pobres, un Dios que quiere la justicia social".
Por otra parte, Obama, siempre en esa ocasión, dirige una advertencia igualmente grave a los mismos democráticos afirmando que la religión no tiene que considerarse como algo negativo, una especie de amenaza para la libertad que hay que tener separada de la política en cuanto, el 90% de los americanos cree en Dios, el 70% pertenece a una organización religiosa, el 38% se define cristiano convencido.
En sustancia, ha añadido Obama, en América hay más gente que cree en los ángeles de cuánta no haya que cree en la evolución de la especie. Dirigiéndose aún hacia el grupo de los democráticos añade que como que son buenos progresistas no pueden pasar por alto la esfera religiosa.
No son ni siquiera imaginables, insiste Obama, el discurso del segundo juramento de Lincoln o lo de Martin Luther King, I have a dream, sin una apelación a Dios. Sus apelación a la religión seguro no estaba sin eficacia política, era de alimento para empresas que parecían imposibles. Y es precisamente a estos dos últimos personajes que Obama se inspira, alegando que no sólo estaban motivados por la fe, sino se servían repetidamente del lenguaje religioso para apoyar a sus causa. No es la primera vez que el presidente afroamericano se propone como reconciliador; en efecto, en los noventa, cuando aún frecuentaba la Harvard University, fue elegido presidente de la prestigiosa “Revista De Ley” de la universidad (el primer afroamericano de la historia). Había una creciente discrepancia dentro del curso, prácticamente sobre cualquier tema pero Barack consiguió hacerse elegir porque los conservadores de derecha creían que él habría tenido en cuenta sus ideas. Esto demuestra su innata capacidad de mediación.
Con su intervención Obama centró el objetivo; algunos días después del pronunciamiento, en un editorial del Washington Post, escribieron que había estado el más importante discurso de un democrático sobre fe y política desde cuando J. F. Kennedy, en su discurso de 1960 declaró su independencia del Vaticano.
